Un reto de 800 km para visibilizar adicciones
Jose Moya va a recorrer Alcoy-Algeciras en bici y en Ceuta disputará el Campeonato de España de aguas abiertas

El deporte ha sido una herramienta fundamental en la vida de muchas personas para superar adversidades, y en el caso de Jose Moya, ha sido su salvavidas. A sus 47 años, ha encontrado en la natación la motivación y el refugio necesarios para mantenerse alejado de las adicciones.
Su historia es la de una lucha constante, de recaídas y recuperación, pero también de esperanza y superación. Ahora, Jose se ha planteado un reto sin precedentes: recorrer en bicicleta 800 kilómetros desde Alcoy hasta Algeciras y, desde allí, tomar un ferry a Ceuta para participar en la Vuelta al Hacho, una de las pruebas más exigentes del Campeonato de España de Natación en Aguas Abiertas. Su objetivo no es solo superar la prueba, sino también visibilizar la adicción como una enfermedad y ayudar en su desestigmatización.
Nacido en Barcelona, Jose creció en un ambiente donde el deporte jugaba un papel importante. Su padre, apasionado del fútbol, trabajaba como entrenador y preparador físico de equipos. Desde pequeño, Jose participaba en carreras populares y disfrutaba del ejercicio físico. “Corría mucho de niño, siempre estaba en forma. Recuerdo preguntarle a mi padre por qué hacíamos tanto deporte, y él me decía que fortalecía la capacidad de sacrificio”, explica.
Sin embargo, con el paso de los años, el deporte fue quedando en un segundo plano. Sus problemas comenzaron cuando dejó de practicarlo. La primera gran crisis llegó cuando su pareja lo dejó, lo que lo sumió en una profunda depresión.
Durante las fiestas de Hogueras en Alicante, estuvo diez días de marcha sin apenas dormir y, cuando intentó retomar su rutina laboral, se sintió desorientado y sin propósito. “No encontraba sentido a mi vida. No dije la verdad a mi madre y pedí ayuda porque no sabía hacer nada, ni siquiera leer una línea de un libro”, recuerda. Ese fue el comienzo de un bucle de recaídas en el consumo de sustancias. La marihuana y otras, formaron parte de su vida de manera intermitente, en un ciclo de dejarlo, retomarlo y volver a pedir ayuda.
Tras el fallecimiento de su madre, con quien vivía en Alicante, Jose sintió la necesidad de empezar de nuevo. Decidió trasladarse a Alcoy, atraído por la industria de la zona y por las oportunidades laborales en su campo de sistemas de telecomunicación informática y prevención de riesgos laborales. Aquí encontró un refugio en el Grupo de Alcohólicos Rehabilitados de Alcoy (GARA), un espacio que le brindó apoyo y una nueva perspectiva sobre su vida. “GARA me ha ayudado a entender que tengo un problema de por vida y que, por primera vez, debo hacerlo por mí. He encontrado en el grupo una familia”, cuenta.
Aunque el deporte siempre había estado presente en su vida, fue la natación la que realmente le permitió reencontrarse consigo mismo. “Cuando estoy centrado en la natación, me ayuda a evadirme de la adicción”, confiesa Jose. A los 27 años, empezó a nadar de forma más seria tras probar en una piscina de Alicante.
Desde entonces, ha perfeccionado su técnica, mejorado su capacidad pulmonar y fortalecido su cuerpo y mente. El mar, en particular, se convirtió en su refugio. “Había probado gimnasio, bicicleta, pero en el mar encuentro la paz que siempre he buscado”, sigue.
El próximo 19 de junio, Jose emprenderá un viaje en bicicleta desde Alcoy hasta Algeciras, con la intención de visibilizar la realidad de las personas con adicciones. Cargado con su equipo deportivo, ropa y enseres básicos, dormirá donde pueda, enfrentándose no solo al reto físico, sino también a los miedos y baches emocionales que implica una aventura de este calibre. En su recorrido, buscará contacto con asociaciones de rehabilitación y ayuntamientos para compartir experiencias y ampliar su red de apoyo.
Una vez en Algeciras, tomará un ferry hacia Ceuta para participar en la Vuelta al Hacho, una travesía de 10 km en aguas abiertas en la unión del Mediterráneo con el Atlántico. Para él, esta prueba representa un símbolo de su lucha personal y una forma de demostrar que se puede salir adelante.
Jose se está preparando de manera intensiva para este reto. Entrena cinco días a la semana bajo la supervisión de Alfa Swimming Pool en Alfaz del Pi, donde recibe entrenamiento personalizado de Andrés, un entrenador reconocido por trabajar con nadadores de alto nivel. Además de las sesiones normales, practica frente a una turbina en la piscina, que le permite perfeccionar su biomecánica. Su entrenador le envía instrucciones a través de una aplicación para optimizar su técnica. “Nunca había tenido a alguien tan encima de mí, con tanta dedicación y que me ayudara tanto a mejorar”, dice con entusiasmo.
Más allá de la competencia y la resistencia física, este propósito representa para Jose una oportunidad de crecimiento personal. “Voy a trabajar mucho mi aspecto emocional para no fallarme a mí mismo ni a los demás”, confiesa. Su meta no es solo completar la prueba, sino disfrutar el proceso, vivir el día a día y reforzar su compromiso con una vida saludable y libre de adicciones. “Va a ser impresionante, como un Camino de Santiago iluminador, que me ayudará a reafirmarme en mi decisión de no recaer y a fortalecer mi espíritu de sacrificio”.
Jose reconoce que no puede hacerlo solo. Necesita apoyo logístico para sus paradas, lugares donde poder entrenar y personas que le ayuden a resguardar su equipo. Por ello, está trabajando para que los ayuntamientos y asociaciones de las poblaciones por las que pasará le brinden ayuda y acompañamiento en su travesía. A pesar del miedo y la incertidumbre, siente orgullo de su proyecto y está decidido a llevarlo adelante. “Es un reto enorme, pero sé que cada kilómetro que avance será un paso más en mi camino de recuperación”, concluye.